hemingway, teatro, ernest, casa suecia, estrellas, las estrellas solo brillan de noche

Las estrellas solo brillan de noche

Un bar clandestino en el que suena una música de saxofón bastante tranquila. ERNEST HEMINGWAY está sentado en la barra del bar, bebiendo lentamente y con la mirada perdida. Estamos en 1960, en pleno auge de su carrera, pero él no parece especialmente contento. Junto a él, en la barra, una carpeta atada con bramante. Mientras la gente toma asiento, Hemingway va bebiendo y jugueteando con su vaso. Cuando todo el mundo está en su sitio entra BRAULIO. Está sudado y parece que se haya intentado vestir de manera elegante sin demasiado éxito, no se le ve cómodo con esa ropa, y menos con la pajarita. Está sin aliento.  

BRAULIO                Eh… ¿Señor Hemingway? ¿Qué está haciendo?

HEMINGWAY         (Sin prestar demasiada atención) ¿Hm?

BRAULIO                (Gritando hacia fuera del bar) ¡Está aquí!

HEMINGWAY         Baja la voz, ¿quieres?

BRAULIO                (Gritando hacia fuera del bar) Señor Sanjuán, ¡está aquí!

HEMINGWAY         Julio, por Dios.

BRAULIO                Braulio, señor Hemingway. Y deberíamos volver afuera. Le están buscando.

HEMINGWAY         ¡Ya lo sé! ¡Chitón! Ven y siéntate.

BRAULIO                Es que nos están espe—

HEMINGWAY         Que te sientes, hombre.

Braulio se sienta junto a él. Se quedan unos segundos en silencio.

BRAULIO                Señor Hemingway, ¿qué está haciendo aquí?

HEMINGWAY         Cojo inspiración. Es importante. (Pega un trago largo de su bebida)

BRAULIO                Yo diría que lo único importante que está usted cogiendo es una cogorza.

HEMINGWAY         ¿Y qué problema hay en eso?

BRAULIO                No, en realidad ninguno. Vamos, excepto porque hay tres periodistas de la revista Life en el vestíbulo del hotel y usted se ha fugado para esconderse en un bar clandestino.

HEMINGWAY         Ernest Hemingway no se fuga. Digamos que he ido a por tabaco.

BRAULIO                Llevo meses acompañándole al estanco porque el señor Sanjuán me dijo que como nos despistemos se larga usted a un bar.

HEMINGWAY         Pues no me tiene calado, el Sanjuán. Menudo zorro.

BRAULIO                Señor Hemingway, no soy de la guardia civil. Ni tampoco soy su madre. Solo soy un ayudante de editor. No sé por qué me toca seguirle como si fuese yo uno de los grises.

HEMINGWAY         Bueno, es que todo el asunto de irme hasta un bar CLANDESTINO es precisamente para que me dejen solo, pensaba que quedaba un poquito bastante claro. Pero parece que hay que leer demasiado entre líneas.

BRAULIO                A ver, el señor Sanjuán está que echa humo. Y yo entiendo que le dé pereza enfrentarse a los periodistas. Pero es que a mí me han encargado que sea su sombra. Usted es un escritor famoso. Pero si se retrasa algo más en la entrevista me van a poner de patitas en la calle. Y no es que tenga yo mujer ni críos, pero tengo un comedor con un sillón orejero y unas alpargatas de felpa que me encanta ponerme cuando llego a casa después de que el señor Sanjuán se pase el día chillándome en la editorial. Y estoy bastante convencido de que si acabo yendo a vivir debajo de un puente, lo más probable es que las alpargatas me duren tirando a poco. Así que, POR FAVOR, señor Hemingway, se lo pido como un favor personal, por el bien de mis alpargatas, ¿podemos volver al vestíbulo, hacer la entrevista y después nos volvemos aquí a ahogar todas las penas que necesite en vino, en whisky o en aguarrás si es necesario?

HEMINGWAY         A ver, Saulo…

BRAULIO                Braulio.

HEMINGWAY         Braulio. Tienes razón. Eso es definitivamente lo que tenemos que hacer.

A Braulio le brillan los ojos y se pone en pie, dispuesto a marcharse. Hemingway vuelve a coger el vaso y sigue bebiendo. Braulio se gira y le ve en el mismo sitio.

BRAULIO                Pero no es lo que VAMOS a hacer, ¿verdad?

HEMINGWAY         No, nos vamos a quedar aquí. Hasta que los periodistas de la Life se vayan.

BRAULIO                De verdad que no le entiendo. Es usted rico. Es usted famoso. Le van a publicar la siguiente novela por entregas en la revista más prestigiosa del mundo. ¿Qué narices se le ha perdido en este sitio? ¿De qué se esconde?

HEMINGWAY         ¡Que Hemingway no se esconde!

BRAULIO                ¿Pues de qué se escondería en el hipotético caso de que lo hiciese?

HEMINGWAY         De nada. Ya te digo que no me escondo.

BRAULIO                Suponiendo que se escondiese.

HEMINGWAY         Que yo no me—

BRAULIO                Pues no usted. Un personaje. Uno de sus personajes. Un escritor famoso y respetado que tiene muy buena relación con los periodistas. Puede que porque había sido periodista. Y en vez de ir a una entrevista, se va a un bar. ¿Cómo lo justificaría usted argumentalmente?

HEMINGWAY         Esto se te da como muy mal, ¿no?

BRAULIO                Tampoco es que—

HEMINGWAY         Eres tan sutil como un rinoceronte.

BRAULIO                Oiga, hago lo que—

HEMINGWAY         Pero a ver. SUPONIENDO que ese personaje existiera. Si siempre ha tenido buena relación con la prensa y ahora les evita puede que haya algo… que no quiera que le pregunten.

BRAULIO                Ajá. ¿Algo como qué?

HEMINGWAY         Tú sabrás. Es tu personaje.

BRAULIO                Pero usted es el maestro.

HEMINGWAY         ¿Qué preguntan normalmente los periodistas a los escritores?

BRAULIO                Pues… ¿de dónde les ha venido la idea para su último libro?

HEMINGWAY         Creo que tu personaje tiene eso muy claro.

BRAULIO                Entonces… ¿que cuál es su favorito de todos los libros que han escrito?

HEMINGWAY         Solo los malos periodistas preguntan eso. Y estos son de la revista Life, ¿no? En tu hipotético caso.

BRAULIO                Claro, claro. En una revista Life hipotética. ¿Puede que pregunten de qué va a ir su siguiente novela?

HEMINGWAY         Ajá. Esa es una buena pregunta.

BRAULIO                (Entendiendo) Porque… el hipotético escritor está bloqueado. Por primera vez en su vida.

HEMINGWAY         Por primera vez en su vida.

BRAULIO                ¡Pero si siempre ha dicho que lo del bloqueo es miedo a la página en blanco, y usted defiende que el primer borrador tiene que ser una basura! ¡Usted nunca se bloquea!

HEMINGWAY         Y no me bloqueo. Esto le ha pasado solo al… hipotético escritor de tu historia.

Hemingway mira su vaso vacío. Va buscando al camarero con la mirada. No aparece.

BRAULIO                Ah, bueno, ya. ¿Y qué más dará? Si los periodistas le preguntan, que responda cualquier cosa. O que se haga el misterioso.

HEMINGWAY         No lo entiendes. No es un tema de cómo te vean ellos. Es un tema de cómo te ves tú. De… saber que eres un impostor. Llevo años labrándome una reputación, y no pienso salir a mentir como un papanatas cualquiera. Es decir, no yo, sino el hipotético escritor si se encontrase con una supuesta pregunta de estos periodistas imaginarios que teóricamente asumimos que trabajan en la revista Life.

BRAULIO                ¡Basta ya de tanta conjetura, hombre, que me duele la cabeza! ¿Está bloqueado?

Hemingway mira hacia ambos lados buscando al camarero. Como no aparece nadie, pasa el cuerpo por encima de la barra y coge una botella, de la que se sirve.

BRAULIO                ¡Oiga!

Hemingway le entrega el vaso y se sirve otro.

HEMINGWAY         Si quieres algo y no puedes conseguirlo… no esperes y haz lo que tengas que hacer. Anda, bebe.

BRAULIO                Pero es que—

HEMINGWAY         Bebe. Si te voy a contar mis cosas, al menos que sea mientras nos tomamos un copazo. ¿Tienes un puro por aquí?

BRAULIO                No, yo no—

HEMINGWAY         Qué más dará. ¡Salud!

Hemingway choca su vaso con el de Braulio, que lo contempla extrañado, y se lo bebe del tirón. Cada vez que Braulio va a beber un sorbo, Hemingway le sorprende con un comentario y Braulio no logra beber.  

HEMINGWAY         El FBI me vigila.

BRAULIO                ¿Perdón?

HEMINGWAY         El FBI. El Servicio Secreto de los Estados Unidos.

BRAULIO                Si usted es un escritor.

HEMINGWAY         Y como tal, un peligro potencial. La gente me lee, Rogelio.

BRAULIO                Braulio.

HEMINGWAY         Eso he dicho. Trabajas en una editorial. Dime, ¿a cuántos escritores conoces hoy día que los lea tanta gente? ¿Eh? Dime.

BRAULIO                Ya, sí, pero es que no todos tienen un Nobel.

HEMINGWAY         Y solo yo había trabajado como espía para el gobierno americano.

Braulio escupe su bebida, salpicando a Hemingway.

BRAULIO                ¡¿QUÉ?!

HEMINGWAY         ¡Mauro, por Dios! ¡Que nos va a oír alguien!

Braulio mira al público. Se encoge de hombros.

BRAULIO                Nadie nos está escuchando. ¿Qué narices significa eso?

HEMINGWAY         Significa que estoy jodido. Hace como veinte años, entre el 40 y el 42, estuve viviendo en La Habana. El gobierno estadounidense no se fiaba del embajador que teníamos entonces. Creían que estaba pasándole información a Fulgencio Batista, el presidente cubano en aquel momento, para ayudarle a protegerse contra el gobierno americano. Y, bueno, yo conocía al embajador. No diría que éramos amigos, pero definitivamente era alguien que me debía algunos favores. Así que el FBI me pidió que me acercase a él, que me fuese a vivir con él con el pretexto de estar haciendo un reportaje.

BRAULIO                ¿Y se lo tragó?

HEMINGWAY         Le dije que en realidad era una excusa y que estaba huyendo de una mujer. Nadie dice la verdad de buenas a primeras. Si alguna vez necesitas que alguien crea lo que dices, invéntate un motivo ulterior y confiésalo en su debido momento.

BRAULIO                Uno ulterior, claro. ¿Y estaba tramando algo el embajador?

HEMINGWAY         Sí. Pero nada de lo que esperábamos. Pasaba ron y puros habanos de estraperlo. Una mierdecilla de crimen. En Cuba aproveché para delatar a algunos falangistas españoles que buscaban a líderes republicanos para pegarles un tiro.

Braulio se pone muy nervioso y mira a su alrededor. Va hacia la entrada para ver si viene alguien.

BRAULIO                ¡Señor Hemingway! ¡No hable mal de la Falange!

HEMINGWAY         Bah. Créeme, Franco es el menor de mis problemas ahora mismo.

BRAULIO                Espere un segundo. Pero usted ha dicho que trabajó PARA el FBI. No en su contra.

HEMINGWAY         Exacto.

BRAULIO                Me está soltando una milonga para escaquearse de la entrevista, ¿verdad?

HEMINGWAY         No. Me están persiguiendo.

BRAULIO                Se acabó. Señor Hemingway, sabe usted que le aprecio, y que… que me gusta oír sus historias. Pero mi trabajo hoy es que se presente usted ante los periodistas de Life. Y le juro por mi madre que voy a conseguirlo aunque tenga que llevarle a rastras.

Braulio le agarra del brazo e intenta llevárselo. Hemingway no se deja.

HEMINGWAY         ¡Déjame, melón!

BRAULIO                ¡Que se venga! ¡Ni FBI ni leches en vinagre!

HEMINGWAY         ¡Que te lo digo en serio!

BRAULIO                ¡Y un jamón! ¡No le aguanto una tontería más!

HEMINGWAY         ¡Estoy bajo vigilancia! ¡No puedo volver a Cuba!

BRAULIO                ¡Pues ya me dirá por qué!

HEMINGWAY         ¡Por ayudar a los comunistas!

Braulio le suelta y vuelve a mirar a su alrededor. Hace un gesto de disculpa hacia el público, sin que Hemingway lo vea. Este se ha girado de nuevo y está sirviéndose de la botella otra vez.

BRAULIO                Sabe usted que podría hacer que le metiesen en chirona por eso, ¿verdad?

HEMINGWAY         Tú no me vas a meter en ningún sitio. Vuestra editorial se muere. La única razón por la que seguís a flote es porque os vendo los derechos de mis novelas. Si Franco me mete en la cárcel, vosotros caéis conmigo. Apuesto a que el gobierno español ya os tiene el ojo echado. Al fin y al cabo lleváis diez años publicando material de un rojo declarado, pero si se convierte en un rojo peligroso es otro tema, ¿no?

Braulio no se atreve a decir nada.

HEMINGWAY         Lo que yo te diga.

BRAULIO                Le dejo porque no me gusta usar la violencia. Conste.

HEMINGWAY         Me dejas porque fui boxeador y te podría haber partido la cara.

BRAULIO                Vale, puede que un poco por eso también.

HEMINGWAY         Mira, no me he metido en un bar clandestino para estar aguantando a los demás, precisamente. Tienes dos opciones. O crees en lo que te estoy diciendo o coges la puerta y te vas. Dios, ¿me estás oyendo? Estoy buscando la aprobación de un editor. ¡Qué digo de un editor! ¡De un ayudante de editor!

BRAULIO                Seré solo un ayudante, pero al menos soy honesto.

Hemingway resuella. Va hasta Braulio, le coge por los hombros y le sienta. Se sienta frente a él. Vuelve a llenar los dos vasos.

HEMINGWAY         El mundo no es tan sencillo como lo veis desde aquí. Y sí, estuve trabajando para el FBI en los años cuarenta. Pero han pasado veinte años, y sigo teniendo una casa en La Habana. Me gusta Cuba. Siempre me ha gustado. Hay algo en ese lugar, en esa gente, que no ves en los Estados Unidos. Y no es ningún secreto que siempre he apoyado a Fidel Castro.

BRAULIO                A veces no sé si hace todo esto por provocar.

HEMINGWAY         Mejor ni nos metamos en mis motivos para defender la revolución o nos echamos aquí la noche. Sea como sea, al FBI no le ha hecho ninguna gracia que uno de sus antiguos agentes ahora defienda a uno de sus enemigos declarados.

BRAULIO                Usted no puede saber eso.

HEMINGWAY         No me tomes por tonto. Sigo teniendo una red de informadores, a ver qué te has creído tú. En cuanto uno de ellos me dio el soplo de que me estaban vigilando, empecé a trazar un plan. Y en cuanto dieron la orden de ir a por mí, cogí los bártulos y puse tierra de por medio. Océano, en realidad.

BRAULIO                Se vino a España.

HEMINGWAY         Me vine a España. De uno de los países más izquierdistas del mundo, me vine a uno de los más de derechas.

BRAULIO                Pero a usted siempre le había gustado España.

HEMINGWAY         Claaaro. ¿A quién no le va a gustar una nación oprimida liderada por un enano con voz de pito?

BRAULIO                Se está usted pasando.

HEMINGWAY         ¿Con él? Todo lo que pueda. Pero ese no es el tema. Necesitaba un sitio donde pasar desapercibido. Donde pudiese hacerme el borracho, el extranjero simpático y un poco bobalicón, aunque muy machote, que arriesga la vida en sanfermines y que luego sigue bebiendo. Tenía que convertirme en un tipo que no fuese peligroso.

BRAULIO                ¿Era… todo fachada?

HEMINGWAY         Hombre, disfrutar, disfrutaba de los sanfermines, las cosas como son. Pero el asunto es… Todo se aceleró bastante. No lo tenía todo preparado. Tuve que escapar un poco a toda prisa. Todas mis libretas de notas, mis ideas, mis manuscritos de novelas y cuentos a medio hacer se quedaron en la caja fuerte. Lo he perdido todo y no puedo volver a buscarlo.

BRAULIO                Menuda gracia. Pero bueno, usted seguro que encuentra nuevas ideas.

Hemingway le acerca la carpeta que lleva todo el rato a su lado. Braulio le echa un ojo. La abre y saca unas hojas mecanografiadas.

BRAULIO                “Las estrellas solo brillan de noche”.

HEMINGWAY         “Las estrellas solo brillan de noche”. Mi nueva novela. En primicia, compañero. El mayor desastre narrativo que hayas visto en tu carrera. Es floja, es aburrida, y soy incapaz de dar con un protagonista medianamente interesante.

BRAULIO                Venga, hombre. Cómo va a estar mal. Si usted ha ganado el Nobel de Literatura. Seguro que no es tan— Oh, Dios, esto es horrible.

HEMINGWAY         ¿Lo ves? He… lo he perdido. He traicionado todos mis principios por salvar mi pellejo y ahora… ahora no puedo escribir. No consigo visualizar a los personajes. Normalmente los veo con claridad, como si estuviesen delante de mí, hablándome. ¡Ahora nada! ¡Nada! No me salen las palabras, todo suena usado, me he convertido en un plagiador.

BRAULIO                Pero… pero… ¡Usted! ¡Esto es un bache, un…!

Hemingway le señala un trozo en una de las hojas de papel.

BRAULIO                (Leyendo) “William había sido un hombre grande. Ya no lo era.” ¿Lo ve? Directo a la mandíbula, como siempre, con su estilo y su—

HEMINGWAY         Sigue leyendo.

BRAULIO                (Leyendo) “William había nacido en un… lugar de la Mancha. De cuyo nombre no quiero acordarme.” ¡Oiga, pues quite esta frase y listo!

HEMINGWAY         Todo el libro es así. ¡Lo hago sin darme cuenta! Las estrellas solo brillan de noche. Psé. Pues mi estrella está brillando más bien poco. Soy un fracaso. ¿Cómo quieres que me presente así ante los periodistas?

BRAULIO                Todos tenemos días malos, todos… Tiene que ser positivo. Seguro que si se para a pensar encontrará una manera creativa de…

HEMINGWAY         ¡Días malos! Llevo un año y medio escribiendo esta mierda.

BRAULIO                Piense que tiene al público de su lado. Siempre lo ha tenido. Confíe en ellos y le sacarán de su—

HEMINGWAY         ¡El público va a odiarme en cuanto lea esto! ¡Va a odiarme!

Hemingway se desespera y se rompe.

HEMINGWAY         Me cago en la mar, esto me está tocando las narices mucho más de lo que esperaba. Mírame, si parezco un novato, moqueando por un bloqueo narrativo de nada. Que tengo una reputación que mantener, a saber qué pensará esta gente.

BRAULIO                (Tras una pausa. Mirando al público) ¿Qué gente?

HEMINGWAY         Pues cuál va a ser. La del bar. Los demás.

BRAULIO                Señor Hemingway… ¿me está volviendo a tomar el pelo?

HEMINGWAY         No, ¿por qué lo dices?

BRAULIO                Hombre. ¿Los demás? (Hemingway no responde, no entiende) Señor, aquí no hay nadie. Estamos solos en el bar. Por no haber no hay ni camarero.

Hemingway mira al público y a Braulio, extrañado. Braulio hace lo mismo.

HEMINGWAY         ¿Tú estás tonto? Todos esos de ahí.

BRAULIO                ¡Señor, que ahí no hay nadie!

HEMINGWAY         ¡Porque tú lo digas! ¡Si está casi todo el bar lleno! ¡Lleno! ¡Ahí, hombre!

BRAULIO                Normalmente los veo con claridad, como si estuviesen delante de mí, hablándome.

HEMINGWAY         ¿Cómo?

BRAULIO                Es lo que ha dicho usted antes. Sobre sus personajes.

HEMINGWAY         Sí, pero no me refería a… ¡esto! Quiero decir. Que esto es gente, gente normal. ¿No?

BRAULIO                ¿Se encuentra bien? Cuénteme, ¿qué está viendo?

Hemingway elige a una persona del público al azar y se la describe.

BRAULIO                Ajá. Suena… interesante. ¿Suena como alguien que podría ser… el protagonista de su libro?

HEMINGWAY         Sí, claro, pero… A ver, que le estoy tocando, ¿no te das cuenta?

BRAULIO                Yo solo le veo dando manotazos en el aire.

Hemingway se echa hacia atrás y mira su vaso vacío. El de Braulio todavía está lleno. Hemingway mira la botella.

HEMINGWAY         Pero… pero están ahí…

Braulio se acerca a uno de los asistentes con la mirada perdida, como si no les viese. Le señala con el dedo.

BRAULIO                ¿Hay alguien aquí?

HEMINGWAY         Pues claro que hay alguien.

BRAULIO                (Al asistente) Dime tu nombre, dónde naciste y una de tus aficiones.

El asistente responde. Si no lo hace, Braulio insiste hasta que responde. Hemingway está sorprendido.

HEMINGWAY         Es… imposible.

BRAULIO                ¿Qué lo es? ¿Qué ha dicho?

HEMINGWAY         Todo lo que ha dicho… es algo que yo inventé para uno de mis cuentos cortos. No lo llegué a publicar, pero… es que hasta comparte el mismo nombre con el protagonista.

BRAULIO                ¿A cuántas… personas ve?

HEMINGWAY         A unos cincuenta, más o menos. Pero es imposible. No pueden ser mis… ¿Son mis… personajes?

BRAULIO                Yo no lo sé. Eso tiene que decírmelo usted. ¿Reconoce a algunos?

Hemingway se pasea entre el público, fijándose en ellos.

HEMINGWAY         Sí, él era… otro protagonista de un cuento que hice hace años. Y ella. Y ella. Y él era un secundario de una novela, pero uno de los que me caían bien. Hay… algunos, sí. Es imposible. Pero hay algunos. Pero muchos no sé quiénes son.

Braulio se ha acercado hasta al lado de una de las sillas vacías. 

BRAULIO                ¿Está libre esta silla?

HEMINGWAY         La de al lado.

Braulio se sienta.

BRAULIO                Así que hay personajes a los que conoce porque los ha usado en alguna historia. Y hay algunos a los que no conoce. Todavía.

HEMINGWAY         ¿Todavía?

BRAULIO                Me está diciendo que tiene usted bloqueo creativo. Que no puede crear nada. ¿Sigue creyendo que es cierto?

HEMINGWAY         ¿Me estás diciendo que estos… personajes han venido aquí a… a decirme algo?

BRAULIO                No tengo ni la más remota idea. Usted es el que los ve. (Coge el manuscrito) Pero me parece que ni usted mismo se cree lo de que no le vienen personajes interesantes a la mente para sus siguientes libros.

HEMINGWAY         Pero estoy bloqueado, estoy—

BRAULIO                Rodeado de buenas historias. Solo tiene que centrarse, mirarlas a los ojos y descubrir qué tienen que ofrecerle.

Hemingway se acerca a uno de los asistentes y le mira muy fijamente.

HEMINGWAY         ¿Cómo te llamas? ¿Dónde trabajas? ¿A qué se dedica tu empresa?

El asistente le responde. Hemingway se mesa la barba y va hasta otro asistente.

HEMINGWAY         ¿Y tú? ¿Quién eres? ¿Dónde trabajas? ¿A qué se dedica tu empresa?

El asistente le responde. Hemingway asiente y va hasta otro asistente.

HEMINGWAY         ¿Y tú? Cuéntame. ¿A qué se dedica la tuya?

El asistente responde. Braulio se acerca a Hemingway.

BRAULIO                Vale, Hemingway, suficiente. ¿Qué le dicen? Son personajes distintos, ¿no?

HEMINGWAY         Definitivamente, pero… Esto no puede ser. Es decir… Que les veo. Les veo. (Señalándole el manuscrito) ¿Tú has leído esto? Nunca había… Creo que nunca había visto a los personajes tan claramente.

BRAULIO                Y yo creo que usted no eligió el título de su libro porque sí.

HEMINGWAY         “Las estrellas solo brillan de noche”.

BRAULIO                En el peor de los momentos…

HEMINGWAY         … es cuando sacas tus mejores herramientas. Estos son los personajes de mi siguiente novela, ¿verdad?

BRAULIO                O de las que hará en los próximos diez años. Quizá no ha descubierto cómo será el protagonista de la novela. Pero creo que todos estos han venido a recordarle que están ahí. Que están a su disposición. Que usted sabe crear grandes personajes. Complejos. Como gente de verdad. Creo que han venido a decirle que…

HEMINGWAY         … me deje de tonterías y siga adelante. Porque los primeros borradores siempre son una basura. Y puede que los segundos y los cuartos y los decimoterceros también. Pero hay que seguir trabajando hasta dar con lo que estás buscando.

BRAULIO                Sus palabras, no las mías.

Hemingway vuelve a mirar a la gente. Mira a Braulio. Mira a la puerta y a la gente de nuevo.

HEMINGWAY         Me están esperando para una entrevista.

BRAULIO                Sí.

HEMINGWAY         Y que les den, si quieren saber de qué va mi siguiente novela. Todavía la estoy escribiendo.

BRAULIO                Tiene un premio Nobel, no tiene por qué dar explicaciones.

HEMINGWAY         ¡Ja! Ese es un buen consejo, la verdad.

BRAULIO                Soy editor. Es mi trabajo, ¿no?

HEMINGWAY         Exacto. Hora de trabajar.

De camino a la puerta, Hemingway se detiene y se gira.

HEMINGWAY         Gracias, Braulio.

BRAULIO                No, es Brau— Ah.

HEMINGWAY         Por cierto, pagas tú, ¿verdad? ¡Que llego tarde a la entrevista! ¡Hasta luego!

BRAULIO                ¡Pero…!

Hemingway se va. Braulio resuella. Va a seguirle. Pero vuelve hacia atrás, mira a su alrededor, ve que no hay nadie, se acerca hacia la barra, coge su vaso y saluda con él a los asistentes.

BRAULIO                Si quieres algo y no puedes conseguirlo… no esperes y haz lo que tengas que hacer.

Braulio se mete la botella en la chaqueta y se marcha. Sube la música.

Leave a Reply