escarabajo

Un gran poder

Vale, chavales, hoy os voy a dar una recomendación de las buenas, y así de gratis. Nunca. Bajo ningún concepto. Voléis en vuestra habitación.

Para empezar porque os vais a sentir muy confusos, porque lo más probable es que no sepáis volar. Porque básicamente los humanos no hacemos eso. Y segunda, porque estoy casi convencido de que os pasará como me pasó a mí, que estaba flipando después de haberme despertado flotando a casi dos metros del suelo cuando me pilló un colega.

—Fliiiii-pa —dijo mi amigo Cracker desde la puerta de mi habitación. Llevaba un bote de nata en la mano. Iba a cubrir de nata mi colchón mientras yo sobaba, fijo. Era una buena broma, la tenía apuntada para hacérsela a mi novia un día de estos. Cracker seguía con la boca abierta—. ¿Cómo has hecho eso, bro?

—Cómo me han hecho esto, querrás decir —dije—. Esto es una broma de las vuestras, de venganza por la del superglue en los calzoncillos, ¿no?

—¿Pero cómo vamos a hacerte volar? Que no, pavo, que esto no es cosa nuestra, seguro —dijo Cracker.

Y, aunque es un maestro de las bromas, había algo en su mirada que hizo que le creyese. O quizá es que estar en el techo me daba una nueva perspectiva. O que se me había subido la sangre a la cabeza, que también podría ser. Intenté repasar lo que había sucedido el día anterior. Mis recuerdos estaban borrosos y me provocaban un dolor de cabeza bastante punzante.

 

* * *

 

Tres días atrás, más o menos a aquella hora, yo cruzaba mi calle absolutamente en pelotas, cubierto solo con una especie de moco verde que mi hermana Júlia había conseguido que se me pegase por TODO el cuerpo. Un vecino se me quedó mirando.

—Hola, buenas —le saludé con toda la dignidad que podía, levantando un brazo que chorreaba aquel líquido correoso. El vecino cambió de acera.

Entré en casa totalmente furioso. Me limpié las manos como pude con unas toallas y me saqué con cuidado el iPhone del bolsillo. ¡Esta se la iba a devolver a Júlia!

Abrí el grupo que tenía con los mejores pranksters que conocía:

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No tardaron en responder:

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Llevábamos meses currándonosla. La Mejor Broma del Multiverso. La Broma Más Épica de la Historia. La Broma Tan Potente Que No Puedes Más Que Admitir Que Te La Han Colado. La Samuel L Jackson de Todas las Bromas. La… Bueno, creo que lo pilláis. Una broma tan potente por la que incluso hicimos un pacto para no usarla entre nosotros. La Broma era solo para un caso de extrema necesidad.

Me hice un selfie bañado de aquella especie de escupitajo de ballena que no podía quitarme y se lo mandé.

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Hice otro selfie más cercano en el que se veían los bichos que llevaban un buen rato nadando en la gelatina.

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Nadie dijo nada más. Se activaba La Broma por unanimidad.

* * *

 

Traté de nadar en el aire y me pegué un tortazo con la lámpara.

—Esto hay que enseñárselo a Neus —dijo Cracker, partiéndose de risa.

—¡No! —exclamé desde ahí arriba. Que luego fue un poco menos arriba. Y luego menos. Y menos. Porque me desplomé contra la cama y reboté hasta acabar de bruces en el suelo. El tortazo fue épico.

Cracker me ayudó a levantarme, casi llorando de la risa. Me dolía un poco el costado, pero no tenía nada roto a parte de la dignidad.

—Bro, ¿pero qué has hecho? —me preguntó mi colega.

—Nada, en serio. Me he despertado hace un rato y estaba así.

—¿Así volando?

—Tal cual. ¿Seguro que no es cosa de estos?

—Si supiésemos cómo hacer eso, créeme que tendríamos los canales llenos de vídeos volando.

Mientras reía, me dio una colleja. No noté absolutamente nada, pero Cracker soltó un alarido.

—¡Macho! ¿Pero qué…? ¡Fuá!

No estaba entendiendo nada. Cracker se sujetaba la mano como si se hubiese hecho daño.

—¿Qué te pasa? —le pregunté.

—¿Que qué me…? ¡Que tienes el cogote de cemento, eso me pasa!

Me toqué el cogote. Era como si lo tuviese dormido. De hecho era como si tuviese las yemas de los dedos dormidas también. Me di con dos dedos en el brazo. Mi piel estaba dura. Esta vez fui yo el que se echó a reír:

—No sé qué me pasa. Esto es rarísimo.

—A ver, un segundo.

Me volvió a pegar, y volvió a hacerse daño. Enfadado, me tiró un libro, que me chocó en el hombro y cayó al suelo. Me tiró una lata de Coca-cola.

—¿Tampoco?

—No me duele, tío.

Cracker se fue de la habitación. Al cabo de unos segundos apareció con una silla del comedor.

—¡Eh, que se te va! ¡Para, para, que me harás…! —me estrelló la silla en la espalda— Nada. No me harás nada. Joder… joder, tío. Que soy invulnerable. ¡Dame otra vez con la silla!

 

* * *

 

Tardamos dos días en preparar La Broma. Dos días enteros, dejándolo todo listo para que saliese perfecta. Íbamos a coronarnos como reyes de las bromas. Y ya de paso batiríamos un récord de visitas y subscriptores en YouTube. Dos días en los que no conseguí limpiarme totalmente el moco de la piel, así que dos días muriéndome de ganas de sorprender a Júlia. Dos días para que no quedase ningún cabo suelto.

Pero siempre queda alguno.

Alguno que hace que te salga todo al revés, y que en vez de que Júlia se comiese La Broma entera, fuese yo quien lo hizo. Y que acabase empapado, lleno de espuma y que descubriese que hace una reacción extraña con el maldito moco. Que hizo que el mundo diese vueltas y me hizo echar la pota justo después. Bañando a mi novia. Romántico al extremo. Un cabo suelto que acabó provocando que chocase con la caja de electricidad del jardín.

Un cabo suelto que provocó un inmenso…

¡BOOM!

 

* * *

 

Cracker me dio con la silla de nuevo, y no noté nada. Antes de que nos diésemos cuenta, estábamos corriendo por la Prank Mansion viendo qué podía lanzarme. Las botellas se partían en pedazos. Los petardos me explotaban en la mano sin que notase más que un ligero cosquilleo. Al cabo de un rato, Cracker se vino arriba y cogió una de las patas de la silla que se había roto y me atacó con ella, como si fuese un bate. La cogí con la derecha, dispuesto a apretar un poco y romperla… y la pata de la silla ardió en llamas.

—La hostia…

—¡Esto es la bomba! ¿Mis… poderes van cambiando?

—¡Eres un puto superhéroe! —exclamó Cracker—. Eres… ¡BroMan!

—Tío, ese es, oficialmente, el peor nombre de superhéroe del mundo.

—Que es porque eres mi bro, man. Y porque haces bro-mas, ¿sabes?

—Ya, si lo había pillado a la primera, pero sigue siendo un nombre feo de pelotas.

Me miré los dedos. Me concentré en ellos y de la punta de cada uno de ellos surgió una pequeña llama azul.

—No tengo claro lo del nombre. Pero tengo muy clara una cosa —dije—. “Un gran poder conlleva…”

—“Una gran responsabilidad” —terminó Cracker.

—“Una gran diversión” —le corregí—. Vamos a hacer las mejores bromas de la historia. Prepárate.

 

* * *

 

Tras la explosión mis amigos vinieron corriendo a buscarme. Me llevaron al hospital, donde me tuvieron toda la tarde de prueba en prueba hasta decidir que había tenido muchísima suerte de acabar intacto.

En lo que nunca llegamos a fijarnos fue en que yo no fui el único afectado por La Broma. E iba a descubrirlo de la peor manera posible.

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