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Mucho mejor

Todo se fue al garete cuando programamos a los robots para que hiciesen nuestras tareas mejor que nadie.

Poco a poco vieron que los humanos eran prescindibles y arrasaron con nosotros.

Hasta que Gutiérrez, el torpe de la oficina, se plantó ante ellos con sus pantalones cortos, su camiseta de Atlanta’96 y sus pantuflas y les dijo:

—Mi madre dice que soy el mejor fracasando.

Los robots se lo tomaron como una afrenta.

En una semana no quedaba ni uno en pie.

Lamentablemente para él, quedó claro que Gutiérrez no era el mejor ni en eso.

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