conejo

El bedel de mi escuela

Pedro, el bedel de mi escuela, siempre sonreía y nos decía a los chavales “¿Qué pasa, maestro?” con acento sureño mientras barría el patio.

Solo se quedaba serio cuando los mayores nos pegaban. Entonces callaba, agachaba la cabeza y seguía barriendo, incómodo.

La única vez que intercedió fue detrás de la biblioteca. Unos matones nos habían acorralado y él les tiró una escoba.

Nos gritó a mis amigos y a mí que saliésemos corriendo. Obedecimos como cobardes, mientras le zurraban entre cinco. Pedro lloraba a moco tendido.

Al cabo de poco me contaron que su mujer había muerto poco antes. No le volvimos a ver.

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